Rulo y la Contrabanda en Chile “Reivindicando la figura del soñador”

En 2009, cuando después de incontables giras y discos, Raúl “Rulo” Gutiérrez, terminó abrupta – y no en buenos términos- su relación con “La Fuga”. Para entonces el bajista –más por obligación que por opción–, pisaba en mayo de ese mismo año, lo que pensamos seria su última visita a Chile. A pesar de la deserción de Rulo, los de Cantabria, rápidamente emitían un comunicado explicando que seguían adelante con mucho rock and roll y otro vocalista. Para ese entonces, el compositor y cantante, con esos aires tristes y versos melancólicos que solo el mar Cantábrico puede entregar, decide armar su propio
proyecto, con música nueva, el cual,  cambiaria la vida como la conocíamos.

Entre mayo y junio del 2010, Rulo reunió a La Contrabanda, para editar su primer larga duración, y así dar paso a una de las mejores cartas que tiene bajo la manga, liricas que cambian de perspectiva, entre confesiones y autocriticas, evocando una época de promesas rotas.

El día 21 de abril de este año, fue la segunda vez que nos deslumbra en Club Chocolate. Hoy, con tres discos a cuestas (Señales de humo, Especie en extinción y El doble de tu mitad), ya había aterrizado, contra todo pronóstico, una vez en chile junto a La Contrabanda.

Quizás para muchos aun sean desconocidos a este lado del continente, pero lo cierto es que su primer concierto en nuestro país ya había sido todo un éxito, pues se llevó los sinceros elogios del público asistente. La prolífica carrera como compositor lo llevo a editar un segundo disco, tras esto una seguidilla de conciertos. Para su última placa, compartió la producción con Carlos Raya, investigando en sonoridades que refieren más a la sutileza y singles orientados al amor en sus distintas fases.

Rulo, tiene dos polos tal cual los discos, por un lado, aparece ese taciturno que navega por mares cantábricos, y por el otro, el mundo sin explorar que le ofrecen los conciertos en directo, y es quizás en este segundo mundo donde se siente, y se le ve, más a gusto. Y es quizás esto, o este refinamiento de los discos, que no implica pasar por lo caro que sean los micrófonos. Es más, todo pasa por el estado de ánimo que mantiene vivo a Rulo a la hora de componer y ofrecer conciertos que como anteriormente crean un universo propio.

Tras ver partir de chile a este empedernido lector de Benedetti o Machado, bajo en mano y de madrugada el año 2009, pensé que no volvería a saber de él, hasta hoy, 2017, que nos volvemos a encontrar con su persona y La Contrabanda, en un recital que a todas luces tuvo más altos que bajos.
Y además denota que la relación con La Contrabanda, sus acompañantes en la carretera, es más sana y que funciona bien dentro y fuera del escenario, al menos mejor que en los últimos tres años que vivió en su ex banda, La Fuga.

Pasadas las 22:00 horas, se apagan las luces, y La Contrabanda (cuarteto formado por Fito, Pati en guitarras, Kike  al bajo y Txarli en batería) comienzan a calentar la noche con “Tu alambre” y “Me gustas”, ambas canciones pertenecientes a su última placa en estudio, dos canciones llenas de verdades emocionales que muestra el lado más rockero del disco promocional.  A partir de esos acordes, tocaron una hora y diez, incluyendo el bis, sin concesiones de un Rulo que muestra un particular momento en su desarrollo artístico y lo afortunado que es de tener una Contrabanda que funciona casi por si sola.

En esta lectura, el grupo seguía con canciones como “Mi cenicienta” canción que habla sobre sus propias y turbulentas lecciones que le ha dejado el romance. Rulo y la Contrabanda, supieron pasearse a través
de canciones de ambos discos, “Noviembre”,seguida de la adolescente y rebelde; “Tranqui por mi camino”, “Divididos”, esta última con la sonrisa maligna del amor, y que cuenta que la fiesta definitivamente se ha acabado y quebrado en dos partes. Una devastadora despedida bajo el concepto que quiera tomarse. Mientras continuaban con un repertorio de lujo -salvo esas joyas que me gustaría que interpretara- y que dejo La Fuga en chile las veces que nos visitaron, lo hecho en Club Chocolate
este pasado otoño, no solo ratifica en lo musical el buen momento por el que pasa la agrupación, ojo aquí con la interpretación que realizan de “La flor” y “La flor II”.

Rulo sigue con su histrionismo de siempre, todavía siente “La cabecita loca” y “Las heridas del rock and roll” y donde manda al mismo fin del mundo a las guerras en una canción tan actual como significativa en
estos tiempos como lo es “A contra reloj”, se ve en el espejo, siente las líneas de los diálogos con el público, y se le ve a gusto. Que, a estas alturas para un músico, que ha recorrido continentes, componiendo en distintas locaciones, y bajo los diversos estados de ánimo por lo que ha pasado, es algo que marca precedentes. También, está claro que la formación clásica de la banda, simplemente disfruta,
y Rulo también, como satisfecho de haber delegado las responsabilidades intrumentales y por supuesto el sonido del bajo, que tal como ha aclarado en diversas entrevistas, nunca lo quiso. En cambio, tomar las guitarras acústicas y eléctricas cuantas veces sea necesario en la noche, es algo que le llena de emoción.

El setlist seguía con “Como Venecia sin agua”, la cual incluso después de escucharla muchas veces, su forma de tocar desgarradora puede percibirse hasta dulce, con ese tinte de Reinosa. Los detalles son cruciales para analizar este tipo de shows, pues Raúl Gutiérrez, es una persona que lleva sobre veinte años de carrera, por lo bajo. Una suerte de relato viviente en el cual hemos involucrado con su música,
pero también obviamente, lo principal la voz y las letras. Una voz por momentos casi recitativa, pero que explota y te engancha. Y por supuesto, la capacidad de poder identificarnos con los personajes que
invita a crear, “Por morder tus labios”, “32 escaleras” y “Objetos perdidos”.

No estoy seguro si todas las letras son verídicas, y tampoco que la haya escrito en el orden que sonaron esa noche, pues es lo que menos me importa. Lo que conlleva, quienes seguimos a la agrupación, como a
quienes vienen descubriendo su directo con su reciente material, se queden con la imagen que es la que realmente llega a tocar la fibra más sensible. No importa si la agrupación toca para Rulo, pues todos son virtuosos enla Contrabanda, pero lo que es obvio es que los temas personales, acá, ya no es lo más trascendente – situación que, con tanto desgaste, lleva hasta el quiebre de sus integrantes- Hoy después de años y de que Rulo pareciera haber borrado las cicatrices, se atreve a decir que guarda un muy buen recuerdo de los primeros nueve años de la fuga y que borró los posteriores.

Cuando el bis se hizo notar, arremete con una muy querida canción, que le dejo el tiempo, que si bien acusa el paso de los años, no opaca el tocarla una y otra vez en comunión profunda y arraigada con el público “Por verte sonreír” a estas alturas un clásico rememorado. Cerrando un setlist articulado, más que pensando en “El otro lado de tu mitad” su disco promocional, con una mezcla de sus dos predecesores en estudio.

Para finalizar la noche, Rulo nos despidía con sus más gratificantes ganas de volver a deleitarnos con sus si fin de historias: “Hoy estoy con la Contrabanda, paso muy seguido por américa y me gustaría estar más tiempo en Chile, pero les aseguro que volveremos pronto”.

La noche fue certera, un recinto apropiado, y con un Rulo que prueba, que embarcarse en viajes llenos de riesgo, y que bien vale la pena asumir, logra el objetivo. Bien por él y por el rock and roll, bien por quienes se acercaron a empaparse, a soltar lágrimas y a saltar, vibrar con un talentoso de Cantabria. Aunque fuesemos pocos se que tras este viaje llegaran a los oidos de quienes serán participe de futuros encuentros, ya que este no es el  fin.

 

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