El día después de… Especial de navidad

El día después de… Especial de navidad

“Especial de Navidad”, primer capítulo de “Los Simpson” (Simpsons Roasting on an Open Fire), que se estrenó en 1989 y en Chile no hasta una medianoche del anio 1991. Es una divertida comedia con cierta insistencia sobre una idea central: que nunca se llegan a satisfacer las demandas del consumo. No se trata de una familia disfuncional, como las que se impondrán dentro de una década con Wes Anderson
Desde aquel día, Matt Groening empezó a forjar un símbolo de la resistencia pasiva de espectadores progresivamente desalienados de Occidente. Dará letra para canalizar la abulia, el hartazgo, que se vive a diario en ámbitos privados.

Pintados en amarillo patito, cuerpos y gestos de trazo infantil, estas formas invadirán nuestras percepciones frecuentes. Voces que ayer me parecieron de chasco motivarán militancias (cuando un conflicto con los doblajistas ponga en riesgo su continuidad). La cita individual o familiar frente al televisor-tótem (leit motiv y apertura) se denuncia ya en el estreno como un ritual de conservación de orden colectivo.

Veremos “Los Simpson” para sentir una sanación inversa al efecto anestesiante de los resúmenes de medios que monopolizarán nuestra tevé durante las sucesivas crisis nacionales. Dentro de un tiempo, estaremos aptos para criticar nuestra época mientras la vivamos, para desnaturalizar el hábito; asumiremos la cualidad del desdoblamiento, nos atribuiremos la capacidad de ver más y más profundo del presente bajo la luz paródica. Con el tiempo podremos detectar, aislar, interpretar los consumos culturales del espectador medio que somos y a la vez cuestionamos. ¿Nos desalienamos?

 

Ya no seremos cómplices de la tortura mediática sino víctimas conscientes. Aquello que aportamos a cimentar como discurso hegemónico de nuestra era, de pronto –gracias a “Los Simpson”– se nos hará ajeno: veremos con sorpresa a qué habíamos estado sometidos. “No te agites papá –dice Bart en las carreras, su última esperanza de conseguir dinero para los regalos–. Es el suspenso antes de que ocurra el milagro…”. “…no parece posible pero la TV me ha engañado”, concluye el chico tras la derrota del can. La Navidad, en “Los Simpson”, es el recurso mercantil a favor de las grandes tiendas, la industria del juego es el aparato vividor de los pobres y melancólicos, el empresario Burns es el esquilmador profesional y despótico ya en el primer capítulo. Cuando el antihéroe da cuenta de contenido afectivo completa el círculo virtuoso que lo incorpora al panorama de ídolos masivos: el borracho improductivo asciende al tope del ranking de la adoración de celebridades mundiales. Para que el bribón funcione positivamente, se debe hacer explícito constantemente al contrapunto hostigador: “Llegará ebrio, oliendo a perfume barato”, pronostica la cuñada Patty. Luego escuchamos un villancico alternativo que funciona como coda del episodio: “Los otros renos se reían y decían apodos al pobre de Rudolph, y una Nochebuena neblinosa Papá Noel le dijo: Rudolph puedes guiar mi trineo hoy. Todos los renos lo aceptaron y gritaron de felicidad. Rudolph, la Historia te recordará…”. La identificación, en poco tiempo será global: gloria al antihéroe Homero. ¡No hay futuro!

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uamgzn

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